Journal_S 30 09 2011

por Jorge Castillo

Es noche. No debería poner fecha, porque estas palabras de sangre púrpura cruzarán la media noche. He publicado en la categoría de ensayos un escrito que aprecio mucho, si se puede llamar ensayo. He iniciado este blog, pequeño bastardito de mis añejos anhelos. Veamos cómo funciona. Sólo deseo escribir.

Esta categoría o sección será como una especie de diario, así que nadie debería leerlo a menos que haya elegido tomar el aburrimiento como arma para el suicidio. Asimismo esperaría que le pareciera interesante a alguien que no deseara usarlo en mi contra, pues ¿cómo podría apartarme de la vanidad natural de todo aquel que cree saber reunir palabras? No me importa en cualquier forma. El ignorante se toparía con un “Revenan”. Es un proyecto de ensayo y error.

 He notado que desde pequeño no dejo de ver cosas; no dejo de ser diferente, y es algo que debería quedar documentado para las generaciones futuras. Actualmente parezco un  poco más normal, tratando de sobrevivir como el resto del mundo, pero no siempre fue así. Alguna vez tuve el cabello largo, estaba todo el tiempo vestido de negro, no deseaba escuchar otra cosa que música deprimente y bellas piezas del metal más exquisito. Escribía, igual que ahora, fragmentos de la eternidad que no han ganado ningún premio importante. Quizá por eso pensé en rendirme, pero hay cosas de uno mismo que están más allá del éxito o fracaso propio.

 Hubo un tiempo, entre la adolescencia y la adultez, en que no trabajé; hacía lo que deseaba (aunque no tenía claros mis deseos) y sólo me preocupaba de existir (al borde del existencialismo), de sorprenderme y liberarme de aquella opresión de sentimientos lúgubres  que me constituían.

LA EXPERIENCIA del niño obsesiona durante toda su vida a la gente inteligente. La quieren repetir: la misma inocencia, el mismo asombro, la misma belleza. Ahora es un eco lejano; parece como si la hubiese visto en un sueño. (osho – el libro del niño)

 

Ahora ya no soy niño, ni adolescente, pero sigo viendo y me siguen sorprendiendo cosas, quizá por el afán de aquella belleza vuelta a renovarse, quizá por el afán de beber la flor de la experiencia, SABER que se está vivo. Pase lo que pase, escribir sigue siendo para mí la forma de volver a ese sueño.

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