La caverna y el evangelio.

por Jorge Castillo

¿Cómo saber cuándo estás vivo? Cuando ves florecer ante tu corazón la flor de la experiencia. ¿A quién le hablo? A mí mismo. Todos somos uno. ¿Pulir el diamante en bruto? Quitarle las aristas. ¿Cultura? Sembrar los diamantes para convertirlos en oro: la miel de la flor de la experiencia.

Hace un par de días me hicieron pensar en mí cuando estaba muerto. Los lobos tienen cuevas. Los no muertos duermen en sarcófagos. Los inamikinimej (¿serán igual que los annunakis?) quizá duermen u olvidan en varias ocasiones.

Cuando nada es nuevo, la culpa no es de lo ya conocido: es responsabilidad de nuestra facultad para aprender.

Hoy despierto y es el primer día. Escucho todo, me acuerdo de varias cosas que he leído o que me han pasado. Todos tienen su opinión. Yo por lo regular me abstengo. Pero más que nada, en estos último años me he dado cuenta que importa poco lo que uno opine. Es lo que uno hace. No importan las opiniones, sino las ideas. No tienen valor las ideologías, sino lo actos guiados por la visión (de las ideas) [socialmente] responsable.

Cuando era niño buscaba una religión y creía amar a dios. Cuando era adolescente me hice ateo y lo odiaba. Hoy me sé religioso y ya no me importa dios; soy una especie de budista iconoclasta. Uno se apega a lo que cree o piensa y se vuelve intolerante. Entonces ya no hay cristianos, sino católicos y protestantes. Y así sucesivamente. Mas todo ser existente y vivo tienen una experiencia de sí, y es parte de un todo que uno llama la unidad de lo diverso. Y ahora para mí la religión es aprender a ver a través de ti.

Antes creí que iba a ser comunista. Alguna vez me he preguntado, ¿ya soy un burgués? Pero no, el comunismo es una forma de vida bajo la que algunos grupos funcionan bien. Los científicos han descubierto que puede haber vida en medio ambientes con presencia de cianuro. Desgraciadamente los comunistas o socialistas, y todos aquellos que ostentan la bandera de rebeldes, simplemente no dejan de tener mente de esclavos. La filosofía Liberal reconoce como una gran mentira el que todos seamos iguales, y los hechos lo comprueban: cada quien tiene lo que merece. Así que no hay razón para el orgullo o vergüenza por lo que uno tiene. Tampoco habría que cuidarse tanto de los ladrones, sino de los estúpidos que quieren lo que no necesitan o no saben utilizar. Y como un individuo sencillo e inmortal dijo hace unos dos mil cuatrocientos años aproximadamente: no hay maldad, sino ignorancia. Y la ignorancia no es olvidar o desconocer, sino desaprovechar la facultad renovadora de aprender.

Este es el primer día de una revolución. No hay problema con los sistemas políticos o las creencias religiosas, nunca lo ha habido. Es como uno ve las cosas. El miedo y la pereza son el enemigo masivo de las sociedades individuales  libres.

Hoy amanezco y vibra en mí un amor profundo por la humanidad. Recito un evangelio sin palabras para desenvolverlo lentamente en frases que me estallarán en cualquier momento. Se harán poemas o páginas de algo emergente. Y algún día se verán transformarse en actos. Y ese día, solos o con alguien, masiva o íntimamente, sabremos la experiencia de lo sagrado transformando nuestro ser material e inmaterial.

Cuando era adolescente, me preocupaba no ser amado o comprendido. Ahora tiro botellas de cristal en el mar de la noche, para otorgar a un niño o niña, un náufrago, a un excéntrico millonario, o una  mujer,  el mapa de una estrella. Una experiencia sin la cual no se puede decir que se ha vivido, y gracias a la cual ahora sé que estoy vivo.

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