Caer y Volar

por Jorge Castillo

Sí, a veces yo también puedo ser el más ferviente de los esclavos. La peor esclavitud, la esclavitud mental. Es necesario para algunas de nuestras debilidades someterse y obedecer. Caer y volar llevan a un punto álgido, un vértigo avasallador ante el cual una conciencia dormida o debilitada puede sucumbir. Todo cuerpo, mente y alma son suceptibles al cansancio. Caer y volar, sin arriba o abajo, ¿quién soy? ¿Dónde estoy? Estoy volando. Estoy habitando ni siquiera el aire: estoy habitando la vida misma. Caminar, estar de pie: un estado transitorio de la vida estacionaria, lecho de reposo para la conciencia. Caer es simplemente la conciencia fugaz pero nítida de nuestra poderosa vulnerabilidad: no estar en ningún lugar, no existir orientación y solamente una seguridad, que cuando llegue el reposo, será un reposo de muerte.

Volar es extender los sentidos, es la vista convertida en tacto, es el tacto transformado en una especie de respiración, es la unión de la conciencia clara y ensanchada con el universo vasto: soy parte del todo y soy todo, pertenezco a todo, esto es extensión de aquello, su continuación. Cuando llegue el momento del reposo, será tomado nuevo impulso para otro vuelo nuevo. Cuando llegue el reposo, llegará también el alimento, absorber otra extensión de sí mismo, llenarse de sí mismo en materia, conciencia y energía. Escuchar es la mirada en la extensión de un otro espíritu multiplicado en el espejo de mí mismo. Encontrarse significa transformarse. Nos alimentamos mutuamente de nuestro espíritu infinito. No se llega de una galaxia a otra, pues una vida no alcanza para dicho recorrido. Pero se puede escuchar: escuchar es un tacto interno, espiritual, hacia todo aquello que no puede tocarse con la vista o respirarse.

Escuchando, puedo escuchar a veces todo el día una misma melodía. La flor de la experiencia, la conciencia, responde al sol, al calor, al agua y la tierra. La conciencia cultivada pacientemente bajo las inclemencias del tiempo salvaje, del tiempo vibrante de torrencial vida, puede abrirse poco a poco. La conciencia cíclica obedece temporales.

Hoy tengo una corta primavera. Hay un aroma, hay alimento. Estoy volando. La miel te alcanza. Miel de las yerbas y conciencias que se abren, que nos encuentran. El tiempo sabe, el tiempo es perfecto. Hoy nos encontramos y te agradezco por escuchar. Mi alimento está lejos, pero la estrella que me seduce tiene aroma, tiene melodía, y yo estoy instalado en este vuelo eterno prolongado. Os comparto esta canción.

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