La flor de la experiencia

¿Cómo saber cuando estás vivo?

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Journal_S 28 07 2014 Rwrt 20 09 2014

Estoy en el espacio que desciende por la miel de tu pupila. Tengo derecho a llegar a ti, porque voy hacia tu alma. Me proyecto al omni sueño, donde cada mínima partícula multiplica el universo. Tan solo te he mirado y he visto al dios del lago. Tengo una experiencia pura de lo que es amarte. Aférrate a mis manos para que seas mi símbolo. La eternidad se disuelve en cada grano de arena en el reloj del ciclo. Este gozo, mi amor, será muy sabio atraparlo.

Caer y Volar

Sí, a veces yo también puedo ser el más ferviente de los esclavos. La peor esclavitud, la esclavitud mental. Es necesario para algunas de nuestras debilidades someterse y obedecer. Caer y volar llevan a un punto álgido, un vértigo avasallador ante el cual una conciencia dormida o debilitada puede sucumbir. Todo cuerpo, mente y alma son suceptibles al cansancio. Caer y volar, sin arriba o abajo, ¿quién soy? ¿Dónde estoy? Estoy volando. Estoy habitando ni siquiera el aire: estoy habitando la vida misma. Caminar, estar de pie: un estado transitorio de la vida estacionaria, lecho de reposo para la conciencia. Caer es simplemente la conciencia fugaz pero nítida de nuestra poderosa vulnerabilidad: no estar en ningún lugar, no existir orientación y solamente una seguridad, que cuando llegue el reposo, será un reposo de muerte.

Volar es extender los sentidos, es la vista convertida en tacto, es el tacto transformado en una especie de respiración, es la unión de la conciencia clara y ensanchada con el universo vasto: soy parte del todo y soy todo, pertenezco a todo, esto es extensión de aquello, su continuación. Cuando llegue el momento del reposo, será tomado nuevo impulso para otro vuelo nuevo. Cuando llegue el reposo, llegará también el alimento, absorber otra extensión de sí mismo, llenarse de sí mismo en materia, conciencia y energía. Escuchar es la mirada en la extensión de un otro espíritu multiplicado en el espejo de mí mismo. Encontrarse significa transformarse. Nos alimentamos mutuamente de nuestro espíritu infinito. No se llega de una galaxia a otra, pues una vida no alcanza para dicho recorrido. Pero se puede escuchar: escuchar es un tacto interno, espiritual, hacia todo aquello que no puede tocarse con la vista o respirarse.

Escuchando, puedo escuchar a veces todo el día una misma melodía. La flor de la experiencia, la conciencia, responde al sol, al calor, al agua y la tierra. La conciencia cultivada pacientemente bajo las inclemencias del tiempo salvaje, del tiempo vibrante de torrencial vida, puede abrirse poco a poco. La conciencia cíclica obedece temporales.

Hoy tengo una corta primavera. Hay un aroma, hay alimento. Estoy volando. La miel te alcanza. Miel de las yerbas y conciencias que se abren, que nos encuentran. El tiempo sabe, el tiempo es perfecto. Hoy nos encontramos y te agradezco por escuchar. Mi alimento está lejos, pero la estrella que me seduce tiene aroma, tiene melodía, y yo estoy instalado en este vuelo eterno prolongado. Os comparto esta canción.

Quiosco

Un quiosco igual que muchos en México, o quizá incluso como muchos otros en el mundo. Ubicado al centro de una plaza, rodeada a su vez por edificios coloniales. En la plaza descansan las personas en bancas públicas, juegan los niños. Es sábado por la tarde. La mayoría de los negocios cerrados. Hay una calma intemporal. Nadie tiene prisa. Se escucha una música instrumental en armonía con el silencio. El sol nos funde en ese sueño vespertino. Las hojas de los árboles caen y se despiertan en murmullos. Aves elocuentes adivinadas en monosílabos invisibles, replicadas en tertulias de cantera. Nadie tiene que ir a ningún lado. El sábado, el quiosco y las personas son de ahí.

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ISLANDIA: ¡¡¡ESTO SÍ ES REVOLUCIÓN!!!, PERO NADIE SE HA ENTERADO…

ISLANDIA: ¡¡¡ESTO SÍ ES REVOLUCIÓN!!!, PERO NADIE SE HA ENTERADO….

La caverna y el evangelio.

¿Cómo saber cuándo estás vivo? Cuando ves florecer ante tu corazón la flor de la experiencia. ¿A quién le hablo? A mí mismo. Todos somos uno. ¿Pulir el diamante en bruto? Quitarle las aristas. ¿Cultura? Sembrar los diamantes para convertirlos en oro: la miel de la flor de la experiencia.

Hace un par de días me hicieron pensar en mí cuando estaba muerto. Los lobos tienen cuevas. Los no muertos duermen en sarcófagos. Los inamikinimej (¿serán igual que los annunakis?) quizá duermen u olvidan en varias ocasiones.

Cuando nada es nuevo, la culpa no es de lo ya conocido: es responsabilidad de nuestra facultad para aprender.

Hoy despierto y es el primer día. Escucho todo, me acuerdo de varias cosas que he leído o que me han pasado. Todos tienen su opinión. Yo por lo regular me abstengo. Pero más que nada, en estos último años me he dado cuenta que importa poco lo que uno opine. Es lo que uno hace. No importan las opiniones, sino las ideas. No tienen valor las ideologías, sino lo actos guiados por la visión (de las ideas) [socialmente] responsable.

Cuando era niño buscaba una religión y creía amar a dios. Cuando era adolescente me hice ateo y lo odiaba. Hoy me sé religioso y ya no me importa dios; soy una especie de budista iconoclasta. Uno se apega a lo que cree o piensa y se vuelve intolerante. Entonces ya no hay cristianos, sino católicos y protestantes. Y así sucesivamente. Mas todo ser existente y vivo tienen una experiencia de sí, y es parte de un todo que uno llama la unidad de lo diverso. Y ahora para mí la religión es aprender a ver a través de ti.

Antes creí que iba a ser comunista. Alguna vez me he preguntado, ¿ya soy un burgués? Pero no, el comunismo es una forma de vida bajo la que algunos grupos funcionan bien. Los científicos han descubierto que puede haber vida en medio ambientes con presencia de cianuro. Desgraciadamente los comunistas o socialistas, y todos aquellos que ostentan la bandera de rebeldes, simplemente no dejan de tener mente de esclavos. La filosofía Liberal reconoce como una gran mentira el que todos seamos iguales, y los hechos lo comprueban: cada quien tiene lo que merece. Así que no hay razón para el orgullo o vergüenza por lo que uno tiene. Tampoco habría que cuidarse tanto de los ladrones, sino de los estúpidos que quieren lo que no necesitan o no saben utilizar. Y como un individuo sencillo e inmortal dijo hace unos dos mil cuatrocientos años aproximadamente: no hay maldad, sino ignorancia. Y la ignorancia no es olvidar o desconocer, sino desaprovechar la facultad renovadora de aprender.

Este es el primer día de una revolución. No hay problema con los sistemas políticos o las creencias religiosas, nunca lo ha habido. Es como uno ve las cosas. El miedo y la pereza son el enemigo masivo de las sociedades individuales  libres.

Hoy amanezco y vibra en mí un amor profundo por la humanidad. Recito un evangelio sin palabras para desenvolverlo lentamente en frases que me estallarán en cualquier momento. Se harán poemas o páginas de algo emergente. Y algún día se verán transformarse en actos. Y ese día, solos o con alguien, masiva o íntimamente, sabremos la experiencia de lo sagrado transformando nuestro ser material e inmaterial.

Cuando era adolescente, me preocupaba no ser amado o comprendido. Ahora tiro botellas de cristal en el mar de la noche, para otorgar a un niño o niña, un náufrago, a un excéntrico millonario, o una  mujer,  el mapa de una estrella. Una experiencia sin la cual no se puede decir que se ha vivido, y gracias a la cual ahora sé que estoy vivo.

Sueño, luego existo…

Canta, oh Musa, el sueño y la memoria. Hubo un tiempo en que la vida era nueva y sin embargo no estaba tan enrarecida la atmósfera de la experiencia como en días más actuales. Ha sido la memoria de la experiencia la que nos revela el haber vivido, si bien la única constancia es el presente. Oh Musa. Ayúdame a elegir de la memoria sólo aquello que nos conduzca al “llegar a ser” más propicio para la esencia del canto.  Solamente la prueba de que lo mejor en el espíritu ya era, sigue siendo, y devendrá continuamente. Libera la memoria de la angustia, la duda y de la sombra. ¿Cuál es el primer recuerdo? ¿Es nuestro el primer abrir de la mirada? Al remover las hojas otoñales,  probablemente saltarán como recuerdos primeros algunos en el tiempo posteriores, hijas también de una semilla, y disolviéndose en la tierra como todas sus hermanas, y dando su alimento al nuevo árbol arcaico. Y todo siendo latiente flora y follaje. Recuerdo el soñar e imaginar. Recuerdo un llover de pensamientos más vivos que la carne misma que los arrullaba. Una de las cosas más sorprendentes eran los sueños que brotaban. Hubo un tiempo en que todo era un aparecer, todo era sueño y se veía como un sueño;  todo sorprendente igual que un sueño. La mente era más ágil, y las cosas no eran obstáculos sino materia para el sueño.

Recuerdo la casa donde yo siempre estaba con mi abuela materna. Era un edificio de cuatro departamentos; el de más arriba que era todo mi mundo, dos siguientes abajo que rentaba mi abuelo, uno que servía de bodega;  y locales comerciales en la planta baja. La mitad de nuestro departamento era sala comedor, y este último daba hacia la entrada. La sala, de color rojo,  tenía una alfombra roja y en lugar de un muro cara a la calle, una gran ventana, cubierta por grandes rojas cortinas adornadas con flores de otro tono y en relieve. Saliendo del departamento había escaleras hacia arriba y hacia abajo. Hacia abajo estaban los departamentos que rentaba mi abuelo. Hacia arriba, rodeada la escalera de grandes ventanales, como una jaula de cristal, se llegaba a la azotea, la cual era también uno de mis lugares favoritos. En la azotea estaban los lavaderos de ropa. Un lavadero era común, y había otro privado hecho de hojas metálicas pintadas de azul. La azotea estaba cercada por un muro calado, con rendijas, desde el cual se miraba hacia la calle desde cinco pisos de alto. El edificio en alto. Al poniente, cinco cuadras abajo, estaba el centro de la ciudad; la plaza donde se erige un reloj monumental que suena igual al Big Ben. Al oriente, siguiendo hacia arriba, se veía crecer el cerro y otras tantas casas. Tenía tinacos de piedra, jaulas para secar la ropa, un gran tanque estacionario de gas, y un cuarto metálico que pocas veces vi abierto, pero donde se hallaban toda clase de objetos misteriosos. Un águila y un armadillo disecado, un reloj elegante y de apariencia antigua,  guardado como en una cajita forrada de vinil y tapizada por dentro con una tela fina, blanca y brillante; otros objetos más y muebles, elegantes también, pero todos para siempre llenos de polvo y siempre en la oscuridad. Me recuerdo con mi abuela, mientras ella lavaba y tendía playeras blancas sobre el suelo para que se secaran, me recuerdo recostado junto a esas playeras bocarriba, mirando las nubes pasar muy cerca, viendo en aquellas nubes toda clase de formas mientras las respiraba. Conocía el sabor del suelo, cada prominencia y cada grieta, pues todo lo recorrí, a menudo imaginando que era un superhéroe y combatiendo con mis amigos superhéroes a toda clase de fieras y villanos. Viendo entre la barda de aquella azotea, miraba un edificio más bajo, y el cual tenía ventanas de una forma curiosa para mi. Recuerdo haber volado de un edificio a otro. Cinco pisos abajo estaba la calle, el ruido de los comerciantes y de los carros, y yo de niño bajé a la calle desde mi azotea. El edificio tenía pequeñas salientes entre un piso y otro, y yo caminaba sobre ellas pegado a la pared, y le daba la vuelta al edificio, entrando y saliendo por todas las ventanas. Yo amaba estar ahí arriba, porque siempre hacía mucho viento. El viento era fresco. En ocasiones la fuerza del viento freso no me dejaba respirar, ¿pero acaso no era normal eso cuando yo estaba volando? Volando con la mirada, conocí de memoria todas las demás azoteas por debajo de la mía, miraba el gran reloj de decenas de metros de altura, más pequeño que mi edificio. Cerca de las nubes, pasaban ante mis ojos todos los mundos y todas las criaturas. Mirando hacia los otros cerros, les descubrí protuberancias debajo de las cuales yacían los cadáveres de dos grandes dinosaurios, los cuales nunca nadie más ha visto. Había plantas, que mi abuela cuidaba con gran cariño, y yo conocía cada pliegue de sus hojas. Había un perico. Y cada vez que subía y bajaba con mi abuela, los grandes ventanales  alrededor de las escaleras, me hacían pensar que aquello era un palacio entre el azul de cielo. Y desde aquellas escaleras veía, muy cerca se podría decir de tan bien que los veía, aquel par de dinosaurios en cualquier momento vueltos a la vida.  Esos grandes ventanales, que absorbían el cielo hacia adentro de la casa, estaban armados de cristales de unos 40 cm. cuadrados. Uno estaba roto, y creo que en el hueco de aquel cuadro de cristal, todavía vive la forma de la cabeza de una niña. Adentro, entrando hacia la derecha estaba la mesa de nuestro comedor. Era una mesa redonda de madera, forrada con un material que la hacía parecer de mármol.  Entrando, casi de inmediato, era imposible resistir el gusto de tirarme en la alfombra. Recuerdo el olor a polvo de la alfombra, y recuerdo su olor cuando la aspiraban. De la sala, el sillón rojo individual estaba bajo una ventana, que daba al baño privado del cuarto de mi abuelo. Frente a este sillón estaba la televisión en un mueble largo de color negro por encima, y madera en el lado de enfrente. También, a menudo cubierto de polvo, adquiría un olor especial cuando era limpiado. Yo me escondí por debajo y detrás de los sillones y los muebles. Ahí jugué. Recuerdo  estar acostado y comenzar a rascarme la cabeza con un alambre, y haber descubierto que el alambre ya me había perforado la cabeza, y yo jugaba con dicho alambre tratando de sentir algo al interior de mi cráneo, pero también con mucha reserva, pues tenía mucho temor de dañarme.

Ahí aprendí, junto con mi tía, que en ese entonces era una muchachilla adolescente muy bonita, a pararme sobre las manos y ver el mundo a revés. Ella, por cierto, también fue quién me enseñó a leer. Yo me sabía ya todas las letras, pues las maestras hacían repetirlas innumerables veces, pero no había comprendido nada sobre la lectura y la escritura sino hasta que ella me lo dijo, y entonces todo fue claro en un solo instante, y es como hasta ahora sigo leyendo y escribiendo.  Junta el sonido de una letra con el de la que le sigue. Los nombres mismos de las letras te dicen cuál es su sonido. Cómo un secreto tan simple revela el funcionamiento de una herramienta tan vital. Cómo me gustaría también, todavía, poder pararme sobre las manos.

Recuerdos… 2 de Octubre para recordar.

Todo cuanto tenemos y las cosas que nos suceden son efecto de nuestros recuerdos pasados y de las cosas que hemos atraído en el pasado. A partir de hoy manifestaremos cosas nuevas y seremos dueños de nuestro día a día; atraeremos aquello que deseamos, aprendiendo para ello a recibir, a ser felices y a practicar la gratitud.

No estoy seguro, pero creo que fue el libro Donde Cruzan los Brujos, de Taisha Abelar, donde hablaba sobre un ejercicio mágico para recuperar la energía perdida en eventos del pasado. Se supone que uno va dejando como hebritas de energía por dondequiera que pasa y en todo lo que uno hace. Por ello los brujos recurren a la recapitulación, al repaso de sus recuerdos, con una especie de barrido con la cabeza mientras inhalan y exhalan.

En otra parte -tampoco tengo muy fresco dónde- leí que, de los eventos tristes o traumáticos de nuestras vidas, debemos volver a ellos, enfrentarlos y recomponerlos visualizando que hacemos aquello que “debimos” haber hecho, esto para librarnos de la pesada carga de ese mal recuerdo. Visualizar esta alternativa proyecta psicológicamente y energéticamente condiciones nuevas gracias a las cuales reprogramamos la ley de la atracción de los eventos futuros. Este último párrafo es como un compuesto de ideas de fuentes diversas; pero tiene un gran sentido.

Es como un recordar creativo, como la película “Efecto Mariposa”, quitando lo grotesco sin lo cual dicha película no habría sido atractiva para el vulgo.

Esa será la tendencia de los posts bajo la categoría de “Journal_S”. La mayoría de mis entradas hasta ahora contienen links a contenidos que me han llevado a una idea “x”. Si revisas esos links o las fuentes simplemente menciondas, sabrás de dónde me vino esa idea; al mismo tiempo funciona como una recomendación subliminal a ciertas lecturas.

¿Por qué ponerle 2 de octubre? Porque no se olvida, ¿no? Sólo que en adelante no hay más Guerra Sucia, sino pura revolución cultural.

En la siguiente ocasión comenzaré por evocar algunos recuerdos de mi infancia más arcaica, pétalos de la flor de mi existencia que llevaré conmigo en la transformación llamada erróneamente “muerte”.

Se dice que todo es eterno. El tiempo es relativo. Todas las posibilidades están aquí y ahora.

Journal_S 30 09 2011

Es noche. No debería poner fecha, porque estas palabras de sangre púrpura cruzarán la media noche. He publicado en la categoría de ensayos un escrito que aprecio mucho, si se puede llamar ensayo. He iniciado este blog, pequeño bastardito de mis añejos anhelos. Veamos cómo funciona. Sólo deseo escribir.

Esta categoría o sección será como una especie de diario, así que nadie debería leerlo a menos que haya elegido tomar el aburrimiento como arma para el suicidio. Asimismo esperaría que le pareciera interesante a alguien que no deseara usarlo en mi contra, pues ¿cómo podría apartarme de la vanidad natural de todo aquel que cree saber reunir palabras? No me importa en cualquier forma. El ignorante se toparía con un “Revenan”. Es un proyecto de ensayo y error.

 He notado que desde pequeño no dejo de ver cosas; no dejo de ser diferente, y es algo que debería quedar documentado para las generaciones futuras. Actualmente parezco un  poco más normal, tratando de sobrevivir como el resto del mundo, pero no siempre fue así. Alguna vez tuve el cabello largo, estaba todo el tiempo vestido de negro, no deseaba escuchar otra cosa que música deprimente y bellas piezas del metal más exquisito. Escribía, igual que ahora, fragmentos de la eternidad que no han ganado ningún premio importante. Quizá por eso pensé en rendirme, pero hay cosas de uno mismo que están más allá del éxito o fracaso propio.

 Hubo un tiempo, entre la adolescencia y la adultez, en que no trabajé; hacía lo que deseaba (aunque no tenía claros mis deseos) y sólo me preocupaba de existir (al borde del existencialismo), de sorprenderme y liberarme de aquella opresión de sentimientos lúgubres  que me constituían.

LA EXPERIENCIA del niño obsesiona durante toda su vida a la gente inteligente. La quieren repetir: la misma inocencia, el mismo asombro, la misma belleza. Ahora es un eco lejano; parece como si la hubiese visto en un sueño. (osho – el libro del niño)

 

Ahora ya no soy niño, ni adolescente, pero sigo viendo y me siguen sorprendiendo cosas, quizá por el afán de aquella belleza vuelta a renovarse, quizá por el afán de beber la flor de la experiencia, SABER que se está vivo. Pase lo que pase, escribir sigue siendo para mí la forma de volver a ese sueño.